ANTECÁMARA

En el sopor de este trópico
se encienden los sigilos de la tierra
y se insinúa el grito de Gea,
que, mutilada y despojada,
implacablemente, dirá algo.

Así, sin más, debe decir
y escribir su informe de polvo,
porque equitativo es recordar
que somos un trozo de tierra.

Mas allí, la impudicia humana.

Miro otra vez y pienso,
¿El hombre es ese hijo temeroso a su Dios?
¿O es un hijo ampuloso que lo quiere vencer
por un plato de lentejas?

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