Cantos Romanos

I
Sangre de vida eterna,
Un canto sin nombre.
¡Los sueños que hay en cada muerte!

II
Todo guinda en el silencio:
la leyenda, el miedo y el arroyo.
La muerte es sólo el tapiz para otra escena.

III
¿Qué verán tus pupilas?
Talvez verás caminar a los dioses en la pantalla
o a un caballo bailar balada.

IV
Tus ojos bailadores
fraguan la siesta que ansío.

V
Recordarás mil aventuras,
pero escóndelas en las alcobas de tu soledad.

VI
Las horas son cántaros vacíos
que empuñan el mundo que se vive,
mientras la soledad se puebla de palabras.

VII
Animado por la vida,
el porvenir nos esconde sus palabras.

VIII
La castidad del mundo la castró
el gastado corazón del tiempo.

IX
En soledad todos podemos ser dioses;
el silencio nos vuelve eternos.

X
Quien da paso a todos sus miedos
queda esquilado como todos los corderos.

XI
Que cada ser clave sus pasos,
inclusive en las rutas del aire.

XII
¡El motivo no importa,
con inteligencia hay que fabricar dioses!

XIII
Cantos de vida o muerte,
sólo con música se amansa la vida.

XIV
¡Adiós a la luz divina!
Alguien encarceló todas las tristezas del mundo.

XV
En el fondo de todo espejo,
odas, para él y para ella.

XVI
Cada quien con su racha fulera o triunfante,
Pero sólo vibra el calor al querer.

XVII
Quien no quiera mugre en su vida,
fluya para el río como garza.

XVIII
Suplicios que sobresaltan.
No temáis, no temáis; es la ardiente angustia.

XIX
El río y los océanos llegarán más lejos
que el tiempo de la desnudez humana.

X
Tu sabor será más íntimo a los dioses
si pisas fuerte tu terruño.

XXI
Una inflexión en el tiempo,
el crítico criterio humano.

XXII
Al final, el ritmo es polvo y agua:
Una constelación erótica para el ser.

XXIII
Aunque el sueño de la poesía haya acabado,
su inmensidad sensual nos habrá proyectado.

XXIV
Concentrándose en su modo de ser y sentir,
el hombre construirá una gran historia.

XXV
Vence sólo el hombre que halla su destino,
como el pájaro que encuentra su nido.

XXVI
Quien inventa no necesita ojos:
Sintomáticamente construye su obra.

XXVII
Cada yo tiene su historia:
La va encerrando su ego intrascendente.

XXVIII
Una palabra encubre otra palabra
Y, entre ambas, el paisaje de la poesía.

IXXX
El motivo eterno del yo:
El espejismo de la eternidad
donde todo se desliza hacia la imposibilidad.

XXX
Que el individuo funcione para que el Estado funcione.
No que el Estado funcione para que el individuo opere.

XXXI
Emblemático el pan;
de modo constructivo hay que multiplicarlo.

XXXII
Cada ser habita en la palabra ajena;
Sólo en ella se preserva activo.

XXXIII
[epigrama muerto]

XXXIV
Una postal descubierta al azar:
Múnich, el motivo para escribir otro epigrama.

XXXV
Palabras en el tiempo:
Múnich, el ritmo glorioso de Alemania.

XXXVI
El invierno vacía los pueblos
La primavera resiembra el poema.

XXXVII
La mañana es de los pájaros
y la hoguera, el aliento del pan.

XXXVIII
¿Toda psiquis irá al infierno?
¡Ave María purísima: el mundo es incompleto!

XXXIX
Almas en movimiento.
Dicha que da pasos para no tornarnos Patria.

XL
Punto de fuga, resiste;
Rompe la emboscada.

XLI
No te hospedes en la sociedad de consumo;
tiene consecuencias antipoéticas.

XLII
Toda juventud es gloriosa
si se le revela la palabra que sana.

XLIII
Las galaxias son bosques donde el hombre

XLIV
La razón tiene su currículum bordado
en roca bien labrada.

XLV
La verdadera nacionalidad del hombre
radica en el escenario donde caza.

XLVI
En el final será el Verbo.
La Eternidad, la dureza del pan.

XLVII
A ciencia cierta,
el sol es el arriero de la luna.

XLVIII
Los domingos se han hecho para recordar
que la familia es la copla de la felicidad.

IXL
Epigrama a Buenos Aires:
Tu voz y el ritmo del tango te definen.

L
La luna encanta suavemente.
A mano alzada, escribo este epigrama.

LI
Entre los móviles secretos de la noche,

LII
En el páramo florece la escarcha
y se madura el cauce de las aguas sanas.

LIII
Los héroes desfilan con sus medallas;
ellos son la clonación de himnos y banderas
que con su gesto severo, se reafirman.

LIV
Ámense debajo de la lluvia:
Laven todo germen de pecado.

LV
Nos mira Dios
mientras vemos como Él teje la neblina.

LVI
Espera que llueva café
y que en el suelo crezca pan.

LVII
Monedas para el pan,
halagos para los pobres.

LVIII
[Epigrama muerto]

LIX
Sean eternos los dioses;
de lo contrario, el nombre del hombre no resonará.

LX
¿Es el cielo la mejor opción?
Cielo festivo, nos inflamas nuestro entusiasmo.

LXI
El aura mueve sus alas llena de aroma.
¡Miren con qué rapidez todo a ella se adhiere!

LXII
Que tu indomable coraje
no te sepulte entre alevosías.

LXIII
Que la memoria no se agache
ante la oscurecida fugacidad de la gloria.

LXIV
El amor y el odio
tienen sus acentos sensibles:
esbozan soles y glaciaciones.

LXV
No nos dejemos engatusar con la gloria;
En idioma humano te hará llorar.

LXVI
La mente hace soñar;
Allí habita un para-espíritu.

LXVII
Nada te desmerecerá
si te encuentras bien parado.

LXVIII
Quien bien se santigua,
alcanza la pipa de los dioses.

LXIX
Con el cantar se espantan
los fantasmas que nos embisten.

LXX
En el peligro, Cristo.
En el placer, un generoso bien pasar.

LXXI
Nuestras faltas no tienen límites;
sin embargo, enmendarlas es la ley.

LXXII
Aprovecha.
Tienes la gracia para toda ocasión.

LXXIII
Pondera el gusto de hablar:
No se puede brindar la palabra como un festín…

LXXIV
El ojo observador examina
el espíritu de cada hombre.

LXXV
En el fondo del alma ajena,
un peñasco que se nos impone.

LXXVI
Dormitan aún millones de truenos
y cada pupila humana,
una tormenta de libertad.

LXXVII
El porfiado nunca triunfa en la lid;
se torna soberbio, y sonso, pierde.

LXXVIII
Trepa más alto el más audaz
y el que se lanza lento pero veloz.

LIXXX
No te arranques el corazón por ningún amor.
Cada uno, en el amor, debe ser un gran innovador.

LXXXI
Si en vez de estúpidas patrias altivas y soberanas
buscamos patrias para la vida plena,
seríamos pueblos que lo alcanzaría casi todo.

LXXXII
¡A tener cuidado con las fluviales palabrerías!
Inundan de maravillas inertes.

LXXXIII
Fértil sonoridad,
la muerte de cada estrella.

LXXXIV
Íntima ilusión,
la abstracción del horizonte.

LXXXV
De mis antepasados,
sus besos aún me sirven.

LXXXVI
Siempre flotamos en el pasado;
la muerte rige la vida.

LXXXVII
Insinuaciones múltiples
cansarán de tentarte.

LXXXVIII
Aprenderás mucho
si lees el silencio del otro.

LXXXIX
Lloran los ojos de las almas ciegas:
una pereza gris las secuestra.

XC
La vida estará siempre muriendo,
pero deslízate sin molestias.

XCI
Tu geometría emocional
es el trencito que te locomociona.

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