A Claudia Elena Sonnenholzner Salem

Epigramas Estróficos

 Avanza respirando bien el aire que contienes.
Lleva ese incontenible mundo en tu sien:
Son los habitantes poderosos de tu ser los que te mueven;
imagínalos, compréndelos y edúcalos.

Ten claro que el azar te eligió para vivir.
Una manzana no es redonda ni perfecta,
una garza no es inmortal pero vuela;
que nada imposibilite tu poder: eres exuberante.

Aquí estás para animar la historia y tus historias.
No necesitas otro lenguaje que tu deseo,
pero si intentas volar, vuela disuelta en libertad
hasta que tu jardín absorba la última línea de sol.


I
Siempre te harán vibrar los fogonazos capitales.
Pensarás que habrás roto así lo monótono,
mas cada fogonazo astillará tu mirada.
No dejes que el hollín del fogonazo te envenene.

II
El dolor y la sed te harán pensar
Si tu sueño, tu poesía se han agotado,
mas si te mantienes unida al universo
y orientas tu mirada a tus propios blancos y flancos,
te aproximarás al triunfo.


Todas las cosas proceden de la muerte
y aunque no quieras oirlo y lo borres,
pasas de la poética de la muerte a la poética de la vida.

No olvidar:
El mejor modo de esperar
es ir con tu consentimiento a ese vital re-encuentro.


Por fin lograrás reconocer cuando un adiós es un adiós
o una noche, un canto sombrío
o el día, una declaratoria de un sueño pendiente.
Sabrás que existe el milagro y la violencia del aire.

La luz, cada día, redobla hondamente su marcha.

Ahora, acuérdate del silencio de los callejones
y no dejes esperando tus sueños en una resignación póstuma.


A tu salud exclaman las guitarras
Según las leyes del verdor:
¡Guitarras, guitarras!

Aspira a reverdecer los juegos de la vida.
Busca el re-encuentro con la primavera.
Soborna, a veces, al invierno.
Lucha, disfruta entre ese axis
Allí está el lino de la vida.


Sea cual fuera tu labor, levanta tu bandera.
Tú eres la ama de tu patria interior
que baila al ritmo de sus pies ardientes.

Tu poética desde niña, mi niña, camina;
y cuando llegue a su vertical mediodía
tu flor debe dar el mejor fruto.

Feliz será siempre quien mira sin agachar la vista.
Anotará siempre sobre laureles
y sorteará la figura solemne del peligro.

Gratamente, sin cólera ni llanto,
avanza entre flores solitarias
y dona tu pan de sal.

Fiel a la vida,
venturosa será tu inspiración.
Haz alegrar a tus viejos árboles.


Cuando la noche suene,
que no flaquee tu espiga:
se desvelarán las campanas.

Tu navío es una flor en la ola bendecida
por las coordenadas maternas.

¡Ay! El pan de tu alegría
hará madurar el arte
del amor paciente.

Que tu rumbo y timón estén en armonía
para que no te dobleguen las fatigas.

Entre todos los números del cielo,
tu numérica ecuación:
“Claudia” + “Elena” =
tu propia filosofía.


Los rayos de sol avanzan;
tus ojos deben apuntar al horizonte.

No te asusten las celadas,
ni seas incauta al timón.

Pon tus ojos en tierra firme.
Triste sería que como nauta incauta
no tengas horizonte real.


I
Tu soledad se tejerá frente al mar.
El sabor a vida te recogerá hacia sus orillas.

II
Tu mano es la espiga
que conduce las cosechas.

III
Cada estación envejece o renace
en el prisma de su propia poesía.

IV
Cada pie irá anhelando sosiego.

V
Variopinto el feliz paragua con que Latinoamérica
se protege del saber ajeno.

VI
Se derrumba, día a día, tu abismo.

VII
Cada quien, con sus escalofríos, hace vibrar su perfil.

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