Sin Soportes

Tú amas.
Él pinta.
Yo escribo.
Tres ejercicios
que multiplican la emoción.

Se repliega.
Se calla.
Cada primavera lo sagrado se expande.

Demórate
para que el peso de este poema,
en el alba, caiga.

Todo arde.
¡Algo tendrá que reventar!
Suave y cálida,
tu reserva.


El olvido nos rodea.
Un fuerte instinto vital
nos hace asumir alientos.

Fábula ardiente para filtrar la vida:
Usar un buen mapa de esperanzas.

La sombra de tu melena vuela.
Allí el corazón de este poema
que desvela, que confunde.


Gritos roncos, Dios te sonríe.
Las dichas producen tachones
pero los corregirás con tu nombre.

 

Buenos Aires, 2015.

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