El mundo del otro

Si queremos luchar contra los desequilibrios culturales globales “tenemos que aprender a comprender el mundo del otro, sin pensar que el otro nos debe a nosotros entender, para así lograr escuchar nuestra propia comprensión social”.

El diálogo de culturas depende de que cada una se prepare para nutrirse “hoy, comunicarnos es fácil, del Chimborazo al Himalaya, pero el progreso de una democracia global ya no depende de la tecnología, sino de nuestra propia capacidad para descodificar la otra cultura y quien mejor esté preparado para esa descodificación “del otro”, podrá garantizarse un mínimo de compresión del otro para poder inclusive liderar esa relación”.

No se trata de ser pobre o rico, quien a la larga domina es el que entiende mejor este mestizaje. Las estadísticas nos dicen que las elites globales son mundialistas y los pueblos los vuelven algunos fácilmente nacionalistas, pero el pueblo que tome la vanguardia en el entendimiento de lo otro, dominará al otro, ya que no domina la tecnología del entendimiento.

La cuestión cultural y su globalización va más allá de las élites ya que cuando el pueblo que migra al primer mundo, está apostando a la globalización, de igual modo que cuando se comunica por internet, ya que su capacidad crítica está apostando hacia todas las direcciones ya que quiere conquistar una posibilidad de globalizarse.

Hoy, el mundo tiene las herramientas para globalizarse a través de la comunicación, como dice Dominique Wolton: “La comunicación ha incidido sobre la situación de la cultura en un proceso constante de apertura y socialización, y hoy por más que desde la alta política algunos lideres no quieren que los pueblos fraternicen y se mesticen, ellos a través de su propia voluntad y peculio hallan el camino hacia una cultura de la identidad global-colectiva”.

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