Boletín del Río

Los políticos en el Ecuador se caracterizan por llevarnos de la euforia al abatimiento, inducidos por el relato más que por lo real.

Esos relatos lo único que han logrado es empeorar la calidad de vida y aumentar las cuotas de sufrimiento. Luego, la ciudadanía sigue por su sendero sin memoria, y en la mayoría de las circunstancias la práctica política es de ruidos, y el furor esplendido de nuestra realidad no logra una proyección cultural de solución.

La banalidad del Poder avanza, la Patria ya es de todos, sin embargo los políticos no logran una sociedad sociológicamente viable.

No podemos seguir trabajando a contra corriente, ni seguir resistiéndonos a escuchar y asimilar la concepción de la globalidad, así como mostrando el constructo salvaje de nuestras construcciones ideologías pintorescas, socialistas o mercantilistas ya que seguiríamos poblando al Ecuador de espejismos.

Nuestra enorme tarea es democratizar el Ecuador, y para ello, hay que trabajar en un ascenso espiritual de la humanidad, asumiendo responsabilidades como ciudadanos, ese es exactamente nuestro gran desafío.

Rompamos con los parroquianismos culturales, globalicemos nuestro pensamiento, a lo mejor nuestras grandes diferencias nos lleven a una inteligente interdependencia y no a un sonso narcisismo de independentismos.

Salgamos de este estado de clausura feudal, para acercarnos a un cambio social real y creativo, para ello el aparato psíquico de nuestra sociedad tiene que sanarse.

No podemos seguir rechazando nuestra realidad psicológica, esto solo sería un repulse, jamás un trabajo creativo para el cambio.

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