El sentido de las cosas

“La espiritualidad pertenece a lo humano y no es monopolio de las religiones”, escribía Leonardo Boff, en su libro “Florecer en el Yermo”.

Sin embargo, repetimos sin recordar cuál es el origen de nuestra fe, allí está el viejo arcano.
El momento mágico, subyace entre el equilibrio de la vida y la muerte, ese es el espacio que debemos hacer funcionar para convivir buscando un radiante esplendor.

¿Pero podemos lograr espacios equilibrados, donde la miseria y el hambre se evidencian como monstruos?… ¿Quién hace hoy experiencia como Jesús?

Misericordia, estás muchedumbres me inspiran compasión.

El hambre no es solo hambre, sino que tiene un contravector irónico; la gula y la soberbia, de una minoría que está volviendo profético el apocalipsis.

Tenemos que aprender a interpretar la historia y entender que la crisis nos ha ofrecido siempre la posibilidad de purificación. “No podemos caer en el reduccionismo”, el bienestar económico es el alcance del bienestar humano, ya que hoy lo que ha generado es la mayor resultante de miseria global, nunca ha habido tanta hambre y miseria planetaria.

Debemos hallar el compromiso ético adecuado en favor de una justicia ética global.

Sobre este planeta no pareciera que habitara el pueblo de Dios sino una gigantesca masa de hambrientos, fenómeno que se vuelve indiscernible, de que el planeta, biológicamente la raza humana, puede desaparecer sin lograr un futuro distinto y mejor.

En el mundo en que vivimos el hambre es noticia, y para la noticia no importa la vida, lo que importa es el espectáculo.

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